Y para escapar de la
rutina repetitiva no vendría mal un poco de tu saliva. Tóxica y corrosiva, que
por más nociva que sea me hace sentir viva. Cerrar los ojos, sentir el aire en
la cara, cerrar los ojos y que se apagué todo el mundo que está afuera, que todo
se vaya al carajo. Cerrar los ojos para ver con el alma, para sentir con los
sesos, ¿Para qué tenerlos abiertos si te veo mejor con ellos cerrados?
Cerrarlos para recordar, para aparecer en tus sábanas llena de humo, de música,
de lluvia, de dulces, cigarrillos, cerrarlos y sentir tu boca, mordértela hasta
que grites y luego ya cuando los abra… Ya no estés.
Y si los abro y camino
entre la ciudad, entre la gente que tiene los pies cansados, las alas rotas. Y
si mejor vuelo, yo, con la cabeza algo descolocada pero cada vez más alto que
nunca. Sin miedo a caer, impulsándome hasta que el algodón de las nubes me haga
el amor. A veces con ganas de estrellarme contra el piso, sangrar morado y
terminar la función. A veces tan escala de grises, a veces tan cromática. A
veces tan hada, a veces tan demonio. A veces el filo de la navaja y otras igual
de suave que tus sábanas. Despertarme en otro lugar, en otra dimensión donde lo
efímero sea lo importante y la vida cuadrada se vaya a la mierda. Llenarlo todo
con mis curvas y ahogarte con una de ellas. Donde los límites desaparezcan,
donde pueda hacerte el amor todos los días en esa terraza, a pleno luz del día
con todos los vecinos mirándonos. Comer mucho pastel y fumarnos la vida
mientras la desglosamos en nuestro débil intento por entenderla, acostarnos a
mirar las nubes. Esas mismas nubes que ahora son las que me hacen el amor y
antes les veíamos caras, yo demonios, tú me tildabas de loca. Correr desnudos
por las calles llenas de basura, llenarnos de pintura hasta que ya no sepa de
qué color eres y lo seas de todos. Lamerte las heridas y que sepan a aerosol.
Se me cayó el tarrito donde encerré tus recuerdos y ahora juegan escondidas por
todo mi cuarto. Los encuentro, los recuerdo, los guardo de nuevo, a otros les hago
el amor y luego los tiro. Pero y ¿Tú? Tú tan efímero como la vida misma,
volando entre el espacio, entre el cosmos, entre el viento que siento en la
cara cuando cierro los ojos. Tú volando por tu propio paraíso inventado, por
esa dimensión en la que despiertas cuando te estrellas contra el piso igual que
yo. Y abres los ojos que tenías cerrados y te das cuenta que todo siempre fue
un sueño. La realidad te levanta de un puño en la cara para no entender nada y
sentirme en el viento, igual que yo a ti. Como el viento, porque no estás, pero
te siento.

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